En estos días de Semana Santa estaba haciendo un trabajo temporal en un establecimiento comercial y allí tuve el honor de conversar un poco con una señora llamada Elsa, por allá por la Cumbre, próximo a Villa Altagracia, digo el honor, porque pude escuchar de ella unas palabras muy inspiradoras. Pues bien, más o menos la cosa fue así:
Estaba yo por ahí, en mi esquina, un tanto solitaria cuando ella sin conocerme se me acerca y me dice:
-Yo diciéndole a una amiga que yo con nada me extraño, andaba con una amiga para una fiesta donde habían puras mujeres blancas, todas muy elegantes, ya tú te puedes imaginar el glamour y la amiga mía encogida por allá, yo si no, a mi nadie me opaca porque quizás una gente tenga una cosa pero le falte otra. No importa mi color, ni el hecho de que yo lo que hago es que limpio aquí, cuando yo quiero entrar a un sitio, entro, y nadie me puede negar la entrada, si me la niegan en un descuido me cuelo y me meto.
Es posible que para muchas personas estas palabras no tengan nada de extraordinario, sin embargo, para mi sí lo tienen, esa señora dijo una gran verdad. Muchas veces nos sentimos menos que otras personas, quizás porque hay alguien mas inteligente, o mas bonito, mas elegante o de dinero; pero lo cierto es que lo que dijo Elsa es una gran verdad, “puede ser que alguien tenga una cosa pero le falte otra”. Eso es así, nadie es perfecto, nadie lo tiene todo, y todos tenemos algo, algo que aportar al mundo y a las demás personas.
Todos tenemos algo, aporta tú lo tuyo.
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